Los cristianos han expresado siempre su fe a través de símbolos, que les permitían representar lo que creían y al mismo tiempo poder comunicarse cuando eran perseguidos por su prédica de amor, que remecía los cimientos de una sociedad basada en la injusticia y el egoísmo.
Uno de sus símbolos más frecuentes es el PEZ, en griego ICTUS, letras iniciales del acróstico JESÚS HIJO DE DIOS SALVADOR. Desde entonces el pez simboliza la presencia del mismo Cristo, especialmente en la Eucaristía.
Al optar por este símbolo como la señal que nos representa, nos comprometemos al anuncio de la Buena Nueva de Cristo y a la construcción de un mundo más humano, que realmente esté acorde con la ley del amor.