Vivimos la PASCUA…

Estamos viviendo el tiempo de Pascua que es la fiesta central (muy por encima de la navidad) para quienes profesamos la fe en Cristo. Coincidimos con los judíos en el tiempo y de alguna manera en el significado pues el judío actualiza el paso de su pueblo de la esclavitud que sufrió en Egipto a la tierra prometida, y el paso de ser una masa sin tierra propia a ser un estado y una nación. La figura referencial es Moisés, quien además de ser el libertador del pueblo judío les dio lo que serían las normas fundamentales de convivencia y que se resumen en los 10 mandamiento. Fue así que nació el pueblo de Dios.

Para nosotros los cristianos, la pascua también significa Paso y tiene como figura central a Jesús de Nazaret. A diferencia de su pasión y muerte que se recuerda con dolor y recogimiento, la pascua se celebra con júbilo pues es el paso de la muerte a la vida, es un nacer de nuevo para toda la humanidad al mundo nuevo de Dios.

En todo paso siempre existe un antes y un después y en ese proceso siempre hay una ruptura y, por qué no, una transformación, sino fijémonos en el nacimiento donde el niño pasa ser parte de una familia y de una cultura, y este paso se representa por la imposición del nombre por sus padres. Luego, el bautismo celebra el paso de ese mundo cultural en el que vive el niño al mundo sobrenatural de la fe y la religión en el que el niño ya no es solamente hijo de sus padres, sino que pasa a ser hijo de Dios. Otros ritos de paso son el matrimonio pues de solteros con las libertades que brinda dicha etapa de la vida se pasa a la de casado, con las responsabilidades que significa. La muerte, por otro lado, es otro gran paso, uno inmenso en el que se pasa a la eternidad, a lo infinito.

De muchas maneras toda la vida humana es siempre una Pascua, toda ella está hecha de crisis que son pasos y procesos que nos llevan a la madurez. Si tomamos en cuenta las etapas de la vida vemos claramente cómo los pasos se dan de la infancia a la juventud, de la juventud a adultez y de ahí a la llamada tercera edad, de ésta a la muerte, de la muerte a la resurrección y de la resurrección a la vida plena como estamos seguros los cristianos.

Es posible que la gran contribución de la pascua, judía o cristiana, sea ofrecer, a quienes se entristecen por la muerte o se preguntan acerca de qué significa su propia vida, un sentido. La muerte no tiene la última palabra sino la vida y, sobre todo, la resurrección.

 

Prof. Pepe Mallma