¿UN SACRIFICIO INÚTIL?

El 7 de junio de 1870 se llevó a cabo la Batalla de Arica. Mil seiscientos peruanos que llevaban soportando meses de asedio, se enfrentaron a seis mil quinientos soldados chilenos descansados y pertrechados. El grueso de las fuerzas peruano-bolivianas había sido derrotado el 26 de mayo en la Batalla de Alto de la Alianza, y el gobernante peruano Nicolás de Piérola había decidido no enviar ningún refuerzo al sur. La guarnición de Arica no tenía ninguna posibilidad de triunfar; por ello el comandante chileno envía al Sargento Mayor Juan de la Cruz Salvo a pedir la rendición de la plaza.

El coronel Bolognesi convoca a sus oficiales, quienes apoyan su decisión de combatir “hasta quemar el último cartucho”. Esta decisión no hizo otra cosa que refrendar un acuerdo previo tomado por los mismos oficiales en Consejo de Guerra el 28 de mayo. Pero hubo en ese consejo una opinión discrepante: la del coronel Agustín Belaunde, jefe de los Cazadores de Piérola, quien planteó abandonar la plaza alegando que sería un sacrificio inútil de mucha juventud, y no tendría efectos prácticos en el resultado de la guerra; como su opinión no fue aceptada, intentó sublevar a su regimiento; al fracasar el levantamiento huyó hacia Lima.

Hoy celebramos con orgullo la respuesta heroica, pero sería bueno trasladarla a nuestras vidas. Muchas veces estamos ante una disyuntiva en que la fidelidad a nuestros principios nos pide sacrificar ganancias de dinero o posición, o incluso arriesgar nuestra integridad.

Y la pregunta del coronel Belaunde se hace nuevamente presente… ¿es un sacrificio inútil? ¿No es mejor “abandonar la plaza” y salvar bienes, prestigio o integridad? Que la reflexión sobre este tema sea el homenaje que rendimos a nuestros héroes de Arica.

Es necesario también recordar los nombres de los oficiales que acompañaron a Bolognesi en su respuesta sabiendo que la mayoría moriría en combate. José Joaquín Inclán, Justo Arias y Aragüez, Marcelino Varela, Alfonso Ugarte, Juan Guillermo More, Manuel J. La Torre, Ramón Zavala, Francisco Cornejo, Benigno Cornejo, Francisco Chocano, Mariano Bustamante, Juan Pablo Ayllón, Roque Sáenz Peña (argentino) y José Sánchez Lagomarsino.

Varios de ellos no eran oficiales profesionales, sino civiles que ante la guerra se enrolaron. Por ejemplo Alfonso Ugarte y Ramón Zavala eran ricos empresarios del salitre que con su peculio alistaron y equiparon regimientos, por lo que se les dio rangos de coronel y teniente coronel respectivamente. La voluntad de arriesgar sus vidas no fue solamente de los oficiales: fue refrendada en los hechos por suboficiales y soldados, quienes podían haber desertado para no pelear.

Y como estamos en un colegio, hay que destacar que en Arica combatieron y murieron cientos de adolescentes de 13 a 16 años, estudiantes de la Escuela de Clases; chicos que hoy serían alumnos de 2° a 4° de secundaria, que enseñaron que el heroísmo no es tema de edad. Que ellos nos sirvan de ejemplo.

Walter Rodríguez M.

Director