SEMANA DEL COLEGIO, SEMANA DEL HÉCTOR

Al referirse al Héctor es obvio e inevitable referirse a quien motivó el nombre de este colegio, por quien celebramos cada 2 de septiembre y en torno a esa fecha el día y la semana del colegio, y obviamente la mística que gira en torno de esta figura que la tenemos como signo y emblema y de quien sabemos de oídas quién fue…

Yo no conocí a Héctor, sin embargo conozco a mucha gente que sí lo conoció y que incluso vivió con él, de ahí que puedo de alguna manera hacerme una idea de quién fue y sobre todo por qué hay una mística especial interesante y especial que de alguna manera hace que todos los que lo vamos conociendo como yo, por testigos de quién fue, nos vayamos identificando, en poco o en mucho con El Amigo Héctor.

Temas de hecho, Héctor nace un 2 de septiembre de 1926 en el distrito de Miraflores, estudia en el colegio SS.CC. Recoleta y se gradúa a los 19 años siendo parte de la promoción de 1945. Al parecer Héctor la tenía clara, su objetivo era pertenecer a la Congregación de los Sagrados Corazones y entregar su vida al servicio de los demás, del prójimo, del próximo, es decir, de aquél que está cerca pero que muchas veces no vemos. Luego de un año de novicio, dos años en el seminario de Santo Toribio en Lima y cinco años de estudios en Estados Unidos, Héctor es ordenado sacerdote el 29 de junio de 1955 en manos de monseñor Pablo Ramirez Taboada ss.cc. en la Iglesia de la Recoleta en Plaza Francia, Lima. Curiosamente ésta fue la misma iglesia con la que Héctor compartió su primera comunión (y felizmente no se quedó en sólo primera como muchas que se quedan en el camino) y con quiénes también compartió la decisión que significó su confirmación.

Héctor fue profesor y director espiritual de varias promociones del colegio SS.CC. Recoleta entre 1955 y 1960, y son las promociones de 1961 y 1978 las que toman su nombre.

El tema del cáncer de Héctor empieza en 1960 cuando es operado por primera vez de un tumor canceroso en la lengua y es ahí donde empieza una larga y dolorosa relación con esta enfermedad. Digo relación porque, quienes de alguna manera hemos tenido la experiencia del cáncer, sea en uno mismo o en familiares muy cercanos, sabemos lo que significa, es una enfermedad que a uno lo confronta consigo mismo, confrontación de la que Héctor no fue ajeno y que la vemos claramente en el “Desde la Vida”, libro que Héctor jamás pretendió escribir pero que es una perfecta muestra de lo que significa ser humano, ser combatiente en una lucha desigual con la enfermedad y la muerte, pero sobre todo, ser un firme creyente en un Dios que fundamentalmente es Vida. ¿Dicotomía?, sí lo es, y… ¿cómo la podemos entender? Pues solamente con Fe.

Entre los años 1962 y 1970 Héctor es destinado a las parroquias de Puente Piedra, Chaclacayo y Santa Rosa de Quives, sin embargo es a partir de 1971 y hasta 1980, cuando muere, que empieza a funcionar una comunidad juvenil en la calle Ramón Zavala de Miraflores, y es Héctor quien los alienta a vivir en la fe, a comprometerse en Cristo y en su prójimo, especialmente en los más necesitados. Por lo que me cuentan, Héctor no fue un gran orador, tampoco metódico ni ordenado, pero sí tenía muy claras las cosas, desde pequeño, el compromiso del servicio, de la motivación, del aliento, al que adolece más, al adolescente, al joven que muchas veces no necesita que le digan qué hacer ni cómo hacer las cosas en primera instancia, sino que estén con él.

Prof. Pepe Mallma