El Principio de Separación de Poderes

Los acontecimientos de los que hemos sido testigos en estos últimos días nos hace darnos cuenta que tenemos mucho aún que crecer y aprender en relación al tema democrático, y es que, vivir en democracia supone cierta madurez y, especialmente, compromiso.

La anulación del indulto a un exmandatario por considerar que se otorgó sin haber respetado el debido proceso, y que según sus detractores desnaturalizó la prerrogativa humanitaria de esta gracia presidencial; la detención preliminar a la lideresa de la agrupación mayoritaria del congreso, junto con las denuncias de su agrupación política y simpatizantes de que esta disposición judicial se ha “digitado” desde el Ejecutivo, nos hace regresar a un texto que usualmente dejamos de lado porque, trágicamente, no lo conocemos: La Constitución.

El artículo 43 de la Constitución Política del Perú de 1993, a la letra, dice los siguiente:

Artículo 43°. La República del Perú es democrática, social, independiente y soberana. El Estado es uno e indivisible. Su gobierno es unitario, representativo y descentralizado,

y se organiza según el principio de la separación de poderes.

Si leemos con especial detenimiento, este artículo nos habla principalmente de lo que somos como país, con un gobierno que emana del pueblo y que se debe preocupar fundamentalmente porque sus ciudadanos tengan un trabajo y vivienda dignos, pero más aún, que nuestro país es un Estado de Derecho que crea leyes que lo rigen, gobierna el país por medio de esas leyes, y vela porque todos, sin excepción, cumplan esas leyes. Estas tres funciones son esenciales y a cada una de dichas funciones las llamamos Poder.

Cada función de las mencionadas previamente debe ser absolutamente independiente de las otras dos, y sus decisiones no pueden ser invalidadas por sus pares, ya que de ser así serían algo normal y habitual las injusticias de todo tipo pues sería muy fácil para un grupo de personas hacer leyes a su medida y tener los mecanismos a su disposición para hacer que éstas se cumplan.

Es por ello que los poderes legislativo, judicial y ejecutivo necesitan ser independientes uno del otro y no pueden tener (ni tienen) la funciones del otro, es decir, el congreso no juzga, el juez no legisla y el presidente no manipula, sin embargo, hay una fina barrera entre ellos que si alguno la traspasa, debe ser el pueblo el que vuelva las cosas al orden en que fueron creadas.

La democracia exige compromiso de parte del ciudadano para que este equilibro siempre exista.

Prof. Pepe Mallma